lunes, 30 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
FIEBRE SIN FOCO
FIEBRE SIN FOCO
CONCEPTO
Se define como fiebre en el niño la temperatura rectal superior a 38° C, y fiebre sin foco (FSF) cuando no se descubre el origen de la misma después de una historia y exploración física cuidadosas y el cuadro clínico tiene una evolución inferior a 72 horas(1).
ETIOLOGÍA
La FSF es una de las causas más comunes de consulta pediátrica, y plantea un reto diagnóstico y terapéutico para el clí- nico por la posibilidad de una infección bacteriana grave subyacente. La inmensa mayoría de estos episodios son debidos a infecciones víricas benignas y autolimitadas que no precisan tratamiento. Los virus más frecuentes en niños pequeños son herpesvirus humano tipo 6, enterovirus y adenovirus, así como los virus respiratorios, si bien éstos suelen tener presentes manifestaciones clínicas de localización(2). Desde el punto de vista práctico es conveniente dividir a los niños en mayores y menores de 3 meses, puesto que la etiología, el riesgo de infección bacteriana grave y, por consiguiente, la actuación médica son diferentes.
Alrededor de un 2-3% de los lactantes menores de 3 meses con fiebre tienen una infección bacteriana. No obstante, el riesgo aumenta varias veces en los lactantes menores de 4 semanas, período en el que 1 de cada 8 niños puede tener una infección bacteriana grave. Entre las bacterias más comunes a esta edad están el estreptococo del grupo B y las enterobacterias, pero no hay que olvidar la Listeria monocytogenes, el Streptococcus pneumoniae, el Staphylococcus aureus, ni al enterococon en infecciones urinarias. El riesgo disminuye entre 3 y 36 meses, y a partir de esta edad, se considera que el riesgo de infección bacteriana grave subyacente es mínimo y, por tanto, la actuación clínica es similar al adulto. Desde la introducción de las vacunas conjugadas frente a Haemophilus influenzae tipo B y meningococo C y, más recientemente, frente a 7 serotipos de neumococo, se ha reducido mucho la incidencia de bacteriemia oculta, que actualmente en nuestro medio es inferior al 1% (independientemente de que el niño esté o no vacunado de neumocococo debido a la gran disminución de la circulación de los serotipos vacunales, que eran los más a menudo implicados en este proceso).
EPIDEMIOLOGÍA
Los episodios agudos de fiebre suponen entre un 10 y un 20% de las visitas a una consulta de pediatría(4). No hay diferencias significativas en relación al sexo o a la condición socioeconómica. Son más frecuentes en niños entre 3 y 36 meses. En este período, la media de episodios agudos de fiebre oscila entre 4 y 6 al año. Asimismo, el número de episodios febriles es mayor en niños que asisten a guardería. Existe un aumento de la incidencia en los meses de invierno, coincidiendo con epidemias de virus respiratorios y gastrointestinales.
PATOGENIA
La fiebre es la consecuencia de una alteración de la termorregulación normal, con un desplazamiento hacia arriba del punto preestablecido de control de la temperatura en el hipotálamo(4). Este punto de termostato aumenta debido a la acción de determinadas citocinas secretadas por células inmunitarias (inmunidad innata), en respuesta a una gran variedad de estí- mulos. Estas citocinas estimulan la síntesis de PGE2, en el hipotálamo anterior, que es responsable directamente de la fiebre. Una vez fijado el nuevo punto termorregulador, se mantiene la temperatura corporal merced a mecanismos homeostáticos como la vasoconstricción cutánea (conservación de calor) o los escalofríos (termogénesis). La fiebre es una respuesta a un estímulo, habitualmente infeccioso, y debe distinguirse del aumento de temperatura corporal en el que no hay modificación del punto termorregulador, como ocurre por ejemplo en el sobrecalentamiento o la hipertermia.
La razón por la cual los lactantes tienen un riesgo incrementado de infección bacteriana grave estriba fundamentalmente en la inmadurez de su sistema inmunológico. En los primeros meses de edad, existe un déficit en la actividad opsonizante, en la función macrofágica y en la actividad de los neutrófilos. Además, la producción de IgG específica frente a bacterias encapsuladas está muy disminuida en los primeros 24 meses de vida. Por otro lado, la primera exposición en los niños pequeños a determinadas bacterias predispone a un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Tal es el caso de las infecciones por S. pneumoniae, meningococo o H. influenzae tipo B, tras el primer contacto con estos patógenos, con frecuencia coincidente con la entrada en la guardería.

CLÍNICA
Por definición, la FSF no se acompa- ña de manifestaciones clínicas significativas de localización. La mayoría de estos niños tiene un buen estado general y una exploración clínica sin hallazgos relevantes. Se han desarrollado diversas escalas de observación que pretenden identificar a los niños con enfermedad bacteriana subyacente. Entre las más utilizadas se incluyen la Young Infant Observation Scale (YIOS) y los criterios Rochester de bajo riesgo de infección bacteriana grave en menores de 3 meses, y la escala de Yale que es válida tanto para los menores de 3 meses como para los niños mayores de esta edad(3,6). Sin embargo, los valores predictivos positivo y negativo de estas escalas para la detección de enfermedad bacteriana grave son relativamente bajos, por 38 Protocolos diagnóstico-terapéuticos de la AEP: Infectología pediátrica lo que no permiten identificar correctamente a muchos niños pequeños con o sin infección bacteriana grave.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de un síndrome de FSF es directo, aplicando la definición antes referida. El diagnóstico de la etiología o las complicaciones derivadas de un síndrome de FSF, cuando se consigue, va a venir determinado por la clínica, o por la demostración de un microrganismo en el urocultivo, el hemocultivo, una muestra respiratoria u otra técnica microbioló- gica. Es conveniente identificar los factores de riesgo asociados al desarrollo de complicaciones bacterianas graves. En los menores de 3 meses, lo habitual es combinar una batería de datos clínicos y de laboratorio para identificar a niños de bajo riesgo. Estos criterios de bajo riesgo son la edad superior a 4 semanas, el buen estado general y la normalidad de las pruebas complementarias, combinación que muestra un valor predictivo negativo de hasta el 99%. El grado de fiebre no es un criterio de riesgo a esta edad. En cambio, en el niño mayor de 3 meses, la fiebre alta sí es un factor de riesgo(4). La mayoría de los estudios han analizado como punto diferencial la temperatura por encima de 39° C, apreciándose un mayor riesgo con un grado de fiebre superior a este nivel, sobre todo en niños con leucocitosis por encima de 15.000/mm3.

TRATAMIENTO
Los antipiréticos habitualmente empleados
son paracetamol o ibuprofeno. El
paracetamol carece de efecto antiinflamatorio;
se absorbe muy bien, alcanzando
niveles máximos al cabo de 1-2 horas de
su administración, y mantiene el efecto
en torno a 4-6 horas. A mayor dosis, más
prolongado es el efecto antitérmico, por
lo que se recomienda dar 15 mg/kg cada
4 a 6 horas, sin sobrepasar los 60
mg/kg/día. El ibuprofeno es un antitérmico
antiinflamatorio con pocos efectos
adversos cuando se emplea durante perí-
odos cortos de tiempo; tiene un efecto
antitérmico más prolongado, de entre 6 y
8 horas de duración. Las mediadas físicas
han de ser racionales: evitar sobrecalentamiento
exógeno, desabrigar cuando convenga
y, en determinadas ocasiones excepcionales,
paños húmedos o baño templados
a temperatura sólo 1 ó 2° C por debajo
de la corporal en ese momento febril
(y, por tanto, superior a 37° C). El enfriamiento
con agua fría está formalmente
contraindicado siempre que la causa de la
pirexia sea la fiebre.
Respecto al tratamiento antibiótico,
en general no es necesario ni conveniente(17).
La excepción es el neonato, en
quien habitualmente son necesarias pruebas
complementarias, incluido urocultivo,
punción lumbar, ingreso y antibió-
Fiebre sin foco 41
ticos parenterales(1). En niños entre 1 y 3
meses, la actitud debe ser individualizada.
Si son unos padres fiables que volverían
a revisión con rapidez, se puede
optar enviar al niño al domicilio con reevaluación
a las 24 horas si cumple todos
los criterios de bajo riesgo. De otro modo
se deben realizar uro y hemocultivo y
punción lumbar, e instaurar tratamiento
parenteral(1,2).
En niños entre 3 y 36 meses, la decisión
de instaurar tratamiento antibiótico
a menudo depende en parte de dónde se
atiende al niño, ya sea en una urgencia
hospitalaria o en una consulta extrahospitalaria(5).
En cualquier caso, sólo se
debe administrar antibióticos en casos
muy seleccionados, y, entonces, las bacterias
a cubrir en condiciones habituales
son neumococo y meningococo, siempre
y cuando se haya descartado razonablemente
la posibilidad de una infección
urinaria. Las cifras actuales de resistencia
de S. pneumoniae a penicilina y cefotaxima
son muy bajas, por lo que la amoxicilina
oral o la penicilina endovenosa
son de elección si sospechamos este
microorganismo, y la cefotaxima o la
ceftriaxona en casos especialmente graves
y cuando la etiología también pudiera
ser meningocócica o por Escherichia
coli(17); las dosis no es imprescindible
que sean tan altas como se consideraba
hasta hace poco, pero dada la buena tolerancia
y la mayor seguridad de eficacia
en todos los casos, no hay inconveniente
e incluso podría ser preferible seguir
usando dosis de amoxicilina de hasta 70-
80 mg/kg/día. Los niños vacunados frente
a los 7 serotipos de neumococo incluidos
en la actual vacuna conjugada, así
como los que han recibido la vacuna del
meningococo C, tienen la misma susceptibilidad
que los que no las han recibido
a todos los demás serotipos de neumococo
(algunos de los cuales han devenido
predominantes y son responsables de
infecciones graves(15) y al meningococo
B, por lo que la actuación diagnóstica y
terapéutica empírica no debe diferir entre
unos y otros.
SÍNDROME FEBRIL
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
REGULACIÓN DE LA LIPÓLISIS
Para empezar a hablar de la regulación y como afecta ésta
LIPÓLISIS: proceso por el cual a través de lipasas sensibles a hormonas
se hidrolizan AG (ácidos grasos) y glicerol a partir de su forma TAG ( triacilglicerol),
el cual es una gran reserva de energía metabólica almacenada. (Devlin, Thomas T. 2008).
ADIPOCITO: célula que conforma el tejido conjuntivo laxo llamado adiposo,
unidad básica de almacenamiento de TAG (triacilglicerol). En su citoplasma ocurre la lipólisis,
proceso que tiene un rol critico en la homeostasis energética del organismo.
TAG: mejor conocido como triacilglicerol, son ácidos grasos esterificados,
se almacenan en los adipocitos y conforman la reserva energética más grande del
organismo.
TRIACILGLICEROL
REGULACIÓN DE LA LSH
https://www.youtube.com/watch?v=Fax18EXt1Mo
- Se inhibe de forma alostérica por medio de la desfosforilación de la cascada de la insulina, ya que la LSH se inactiva.(ver video 2).
Este vídeo también lo encontramos en Efectos de la Insulinemia